Wrap up abril-junio (II): Cómic guarripatrio y otras cosas (no tan guarris).

Vamos a ir al grano. ¿Qué vamos a encontrar en esta entrada? En la sección de cómic occidental, algunos de los cómics más populares de los últimos años con los que he querido ponerme al día (y con esto quiero decir “tener en físico ahora que tengo sueldo estable”, je); en la sección de manga,  algunas novedades que las editoriales Tomodomo y MilkyWay han traído a España (espero que para el siguiente wrap up se cuele algún “descubrimiento”) y, por último, en la sección más ASPAÑOLA, mucho cuquismo y mucho erotismo.

Pero antes, un resumen, para que vayáis directamente a lo que os interesa.

Cómic occidental.

  • Snotgirl, Bryann Lee O’Malley y Leslie Hung (Vols. 1 y Vols 2.).
  • Hombre de hielo (1): Descongelado, Sina Grace y Alesandro Vitti.
  • Habitat, Simon Roy.
  • Wet Moon, Sophie Campbell (Vols. 1-5).
  • Piruetas, Tillie Walden.
  • Paper Girls, Brian K. Vaughn, Cliff Chiang, Matt Wilson (Vols. 1 y 2).
  • Saga, Brian K. Vaughn y Fiona Staples (Vols. 1-3).
  • Comics for choice, VV.AA.
  • El niño brujo, Molly Ostertag.

Manga.

  • Un extraño en primavera, Kanna Kii (Vol. 3).
  • Algo entre nosotros, Hagi.
  • Jackass! Se mira, pero no se toca, Scarlet Beriko.
  • Sombras sobre Shimanami, Yuhki Kamatani (Vol. 2).

Cómic nacional.

  • ¡Déjame dormir!, Olaya Valle y Carmen Costa (Capítulo 2).
  • Sextories, VV.AA.
  • Underdog y Underdog, Stray, Noiry.
  • Cherry Hoodie, dinamitecupcake.

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Wrap up abril-junio (I): Invasión relatística.

Llega ese momento del año en el que me tengo que poner a repasar lo que he leído los últimos meses. Resulta que tenía que haber hecho esto en junio, para que cada entrada de este tipo abarcase el mismo tiempo, pero me fallaron las matemáticas, así que me toca incluir el mes de julio (no le hagáis caso al título, los títulos mienten).

En otras palabras, toca una entrada larga, pero no pasa nada, que os voy a resumir los contenidos para que vayáis directamente a lo que os interesa.

Antologías y colecciones de relatos:

  • No son molinos (VV.AA.).
  • Cuadernos de Medusa (VV.AA.).
  • El ciclo de Xuya, Aliette de Bodard.
  • La Ciudad Naranja, Lola Flawless.
  • Lectores aéreos, Gabriella Campbell.

Novela y Novelette:

  • Llámame por tu nombre, André Aciman.
  • Sicalípticas, Coral Carracedo.
  • El cuento de la criada, Margaret Atwood.
  • Barro, Alicia Pérez Gil.

Relatos independientes:

  • Sinécdoque (VV.AA.).
  • Otros.

Otros:

  • Querida Ijeawele: Cómo educar en el feminismo, Chimamanda Ngozi Adichie.

En resumen: muchos, muchos relatos y otras 3 antologías esperando en la pila de pendientes. Queda claro que la ficción larga a mí me da un poco de alergia. Entendedme, no le tengo manía, pero si un relato no me gusta probablemente haya empleado en él menos tiempo y dinero que si una novela no me gusta. Soy un lector cobarde, lo reconozco.

Pero bueno, vamos al lío.

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Relato: El precio de la eternidad.

Pues nada, que he vuelto, que me veo que en nada tengo que hacer una recopilación de las lecturas del abril-julio, me he agobiado, y me he puesto a escribir un relato en su lugar.

¿Que de qué va El precio de la eternidad, con ese nombre tan rimbombante? Gracias, muchas gracias por preguntároslo. Sois bonicos y agradecidos y que nadie os diga lo contrario. De esto:

Amor y desamor son dos caras de la misma moneda, son los sentimientos más antiguos del mundo, más que el hambre y el dolor, más que el miedo. Stef es un restaurador analógico que llega a Urbe 03 para rescatar un antiguo film de las entrañas del tiempo, pero encuentra algo más: amor, asfixiante, angustioso, primitivo.

¿Que dónde lo podéis encontrar? En Lektu, por pago social.

Y si os gusta, hasta podéis dejarle una reseña en GoodReads.

portada

Lo que me gusta a mí una portada minimalista… No lo sabe nadie. Bueno, ahora vosotros.

Por cierto, me han seleccionado para una antología. Sí, a mí. Una antología de erótica fantástica. Estoy deseando contaros más cosas, pero prefiero dedicarle una entrada completa cuando salga la antología. Solo diré que vais a conocer una faceta mía de la que no muchos son conscientes.

Y eso es todo.

¡Nos leemos pronto!

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Can you believe que me han seleccionado para una antología?

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Lecturas Enero-Marzo: Cuquismos + cosas gratis + Support your local artists (II)

Y vamos con la segunda parte de la entrada: aquí podréis encontrar la sección dedicada a los cómics que he leído durante el primer cuatrimestre del año, así como libros de ilustraciones y otras cosas similares.

Ojo, no suelo incluir cómics que vaya leyendo número a número, pero sí incluyo tomos recopilatorios y otras obras de artistas independientes. Es decir, no encontraréis aquí el número 5 de Paper Girls hasta que no me lo lea en su tomo recopilatorio correspondiente, aunque por fecha debiese incluirlo, pero sí encontraréis el número 1 de Nada Entre Nosotros, porque las autoras se autoeditan y quiero dedicarles este espacio.

“Cómic”, entre comillas

Queer: a graphic history, Meg-John Barker: No os voy a mentir, cogí este libro con muchas ganas y por eso mismo puede que me llevase una decepción. Es extrañamente denso pese a que el formato no lo propicie, quizá por la retahíla de ideas y conceptos (con los que yo no estaba familiarizado) que puede presentar en cada página. Se puede leer del tirón, pero no es para nada recomendable hacerlo. PREZ resume mucho mejor mis problemas con este libro.

The Wicked + the Divine: 1923: A Kieron Gillen también lo llamo referente, pero él no lo sabe ni creo que le importe. Bah, ya le pillaré y se lo contaré o algo. The Wicked + The Divine es un cómic en el que 12 dioses se reencarnan en 12 jóvenes cada 90 años. Serán adorados, serán odiados, en dos años estarán muertos. Está pasando ahora y, claro, no os lo podéis perder. He metido este número aquí por una razón especial: en él viajamos a uno de los ciclos pasados y el equipo de wicdiv ha sido lo bastante valiente como para mezclar páginas de prosa (pero páginas, páginas) con otras de cómic. Además, este número está dibujado por una de mis artistas favoritas, Aud Koch.

 

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Lecturas Enero-Marzo: Cuquismos + cosas gratis + Support your local artists (I)

Antes que nada, tengo que decir que he empezado el año leyendo bastante para mis estándares y que estoy muy orgulloso de mí. He tenido que aumentar el reto de lectura en Goodreads y eso ya es indicativo de que algo estoy haciendo bien. Sí que es verdad que me estoy decantando por la ficción corta en lugar de por la novela. Principal motivo: la indecisión y la idea de malgastar el tiempo (leo lento). Por eso suelo elegir ficción corta y no novelas largas. La idea de que pueda pasarme semanas arrastrando una novela y que al final no me guste me produce un poco de desasosiego, así que casi siempre acabo tirando por cosas que requieran menos compromiso, lo cual no habla muy bien de mí, pero eso ya es harina de otro costal y es un tema que prefiero tratar con mi terapeuta.

Pero bueno, pasemos a las lecturas de este trimestre. Como ya he dicho, encontraréis muchísima ficción corta y algún que otro cómic. Eso sí, la gran mayoría de la ficción viene patrocinada por Lulu Von Flama y su post “Leer gratis es posible (y deberías)” y es que, chiquis, uno es rata por naturaleza y se tira a lo gratis como una leona se lanza a por su presa.

No me voy a extender mucho, solo quiero haceros un pequeño resumen para que os pique la curiosidad y manteneros un poco al día. Me he extendido tanto que he tenido que dividir la entrada en dos partes, os dejo con la primera; la siguiente está dedicada al cómic. Deshonra sobre mi vaca.

Ahora sí, sin más dilatación, lecturas del primer trimestre de 2018, por si no sabéis que leer:

Relatos, revistas y novelettes.

Horizonte 6, Caryanna Reuven: Gratis, pero vais a querer darle dinero a Caryanna después de haberlo leído (y podéis). Cuatro historias de cifi entrelazadas. Puede que la primera se haga cuesta arriba a algunos por tener una base científica fuerte, pero a mí me pareció justo lo contrario: me enriqueció muchísimo la lectura, me pareció que estaba justificado y que aportaba mucho al relato. Si os gusta la cifi, ya estáis tardando en leerlo. Seguir leyendo

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Ficción exprés: Recuerda. Él vino.

No sé si a algunos de mis compañerxs les pasa, pero hay veces que necesito calentar antes de una sesión de escritura, dure ésta lo que dure. Normalmente, lo que hago es abrir un word y escribir un par de párrafos sobre lo que me esté pasando por la cabeza en ese momento, pero ayer salió esto.

Acabé invirtiendo más tiempo del que debería, pero voy a intentar olvidarme de eso y publicarlo igualmente.

Es un pequeño relato en dos partes, inspirado por las palabras recuerda y vino. La primera salió de esta canción, Me voy, del dúo francocubano Ibeyi; la segunda la leí en algún lugar inhóspito del internec.

 

RECUERDA

—Despierta.

Tus ojos se mueven debajo de los párpados, en una fase REM que dura ya meses.

—Despierta, desgraciado, y recuerda.

Saco la botella de la bolsa de papel. ¡Pop! Te acerco el corcho a la nariz, con la esperanza de que el olor te saque de tu sueño.

—Recuerda esto. Huélelo y recuerda.

Bebo un trago, sin cuidado, sin mesura. El líquido púrpura resbala por mis comisuras, por mi cuello.

Escupo. En tu cara. Salvaje, desenfrenada, como un río en deshielo.

—¿Recuerdas la barrica de roble? ¿Los toques de mora y fresa? ¡¿Los recuerdas?!

Me monto a horcajadas. Un cable se mueve y queda colgando, tu monitor deja de pitar.

Empino la botella de nuevo. Te beso. Separo tus labios inertes con los míos, morados, vivos, pero casi tan indolentes como los tuyos.

El vino fluye en tu boca.

—¿Recuerdas la textura oleosa?

Suena un trueno. Me giro hacia la ventana. Diluvia.

—¿Recuerdas la lluvia?

Me bajo de la camilla. Dejo entrar al chaparrón.

Tus sábanas se calan. La temperatura cae. Tu piel palidece y se llena de gotas de agua sucia.

—¿Recuerdas la corriente? ¿La recuerdas, entrando en tu boca? ¿A qué sabía la corriente?

No contestas

—¡Dímelo! ¡¿Sabía a madera?! ¡¿Sabía a frutas?! ¡¿Sabía al vino que llevabas en el cuerpo?! ¡¿Sabía al alcohol en tu sangre?!

Mi mano exprime el cuello de la botella hasta hacerla explotar. Pienso en clavártela. Pienso en llorar. Pienso en tirarte al suelo contra los cristales, contra el mismo tinto que bebiste aquella noche. Pienso en llorar, pero solo lo pienso.

—Despierta. Despierta y recuerda, mamón. Porque si yo no puedo olvidar, tú tampoco.

 

ÉL VINO

—Creí que no se acabaría nunca —se queja Linda, desplomándose en el asiento del copiloto.

—Vamos, no ha sido para tanto —Fernando entra en el coche, tan fresco como si fuese el principio del día. Hinca las manos en el volante—. ¿Lo tienes todo? ¿Estamos listos?

Linda se palpa los bolsillos y echa un vistazo hacia atrás.

—¿Seguro que estás bien para conducir?

—¡Claro! ¡Mírame! —Se señala, con su traje impoluto, su sonrisa perfecta, sus ojos claros como el agua—. Además, ¿no quieres llegar a casa?

Linda capta su reflejo en el retrovisor central. Tiene el recogido casi desecho y un par de sombras oscuras comienzan a hacerse visibles bajo sus ojos verdes; su vestido ya no se ajusta tan bien a su piel como por la mañana, en la ceremonia. Un bostezo agudo suena en el coche. Linda no dice nada, solo se reclina en el respaldo y se abrocha el cinturón.

Fernando gira la llave y el coche ronronea como un gatito. Se alejan del jolgorio y de las luces en mitad de la noche.

—Ha sido una boda preciosa —comenta él.

—Sí, no ha estado mal —los ojos de Linda se entornan y ella también deja escapar un bostezo.

—Mentirosa.

Ella sonríe, atrapada en su embuste mal disimulado, y él le devuelve el gesto.

—Lo siento, sabes que lo intento, pero tus amigos no me caen bien. Os conocéis desde hace un millón de años y no contáis más que batallitas que me sé de memoria. Es imposible que conectemos.

Las lunas del cristal comienzan a empañarse y Fernando baja un poco las ventanillas, dejando entrar una fina corriente de aire.

—No hagas eso, nos vamos a helar. Además, está empezando a llover —dice, frotándose los brazos desnudos—. Y tus amigas… no sé qué les pasa, pero lo noto. Me prefieren fuera del grupo.

—Lo sé. Ahí tengo que darte la razón.

Fernando se queda en silencio por un momento.

—¿A ti te habría gustado una boda así? —pregunta, por fin. Linda le devuelve una mirada llena de extrañeza.

—Así, ¿cómo? ¿Por la Iglesia? ¿En una casona enorme para enseñarle a todos nuestro poderío? ¿Con esculturas de hielo? —Mira al retrovisor, asegurándose que todo esté en orden—. No, gracias. Prefiero lo que nosotros tenemos.

Fernando también mira atrás y su expresión se relaja. Sus ojos se entornan un poco y agarra el volante con más fuerza.

—Tienes que reconocer que la cata de vinos ha sido un puntazo.

—¡Ah, no! Eso no te lo concedo —replica Linda entre risas—. No me creo ni una palabra de lo que decís. ¿Dónde notáis la fruta? Porque yo no la veo por ningún lado. ¿Es algo que tengo que oler, que saborear? No tengo ni idea. Te prometo que he estado tentada de mirar dentro de las botellas.

Fernando estalla en una carcajada y a sus espaldas le responde un lloriqueo lastimero.

—Le hemos despertado —susurra Linda, alargando el brazo hasta acariciar la manita de su hijo—. Shh, shh… Ya está, ya está. Ya llegamos a casa.

Se pone a canturrear una nana, pero el llanto se vuelve inconsolable. Fernando arruga el gesto, molesto por el ruido.

—¿No puedes hacer que se calle?

—¿Crees que vienen con botón de apagado?

El niño vocifera como si se le fuese la vida en ello.

—¡Busca el chupete!

—¡Eso estoy haciendo! ¡Se le tiene que haber caído por algún lado! —Linda se agacha y se contorsiona en su asiento, con sus ojos puestos en el suelo del vehículo—. ¡Como para encontrar algo aquí! ¡No veo nada!

Fernando desvía la mirada y, como respondiendo a las quejas de Linda, un fogonazo ilumina el interior del coche.

Por un momento, ambos ven el chupete. Por un momento, ambos están tentados de agradecer al otro que haya encendido la luz. Por un momento, antes de ver el camión.

Linda siente el volantazo en todo su cuerpo. Las ruedas patinan. El coche sale disparado. El cielo y la tierra se intercambian varias veces, antes de que el coche caiga a plomo en el río. El agua cubre las ventanillas. Sus pies están mojados. Vomita. Su boca sabe a vino. Fernando está inconsciente a su lado y el llanto ha cesado.

Ibeyi_by_Maya_Dagnino_1

Lisa-Kaindé y Naomi Díaz, Ibeyo, fotografiadas por Maya Dagnino.

Y eso es todo. Espero que os haya gustado. Si lo ha hecho, no dudéis en pasaros por la etiqueta #relato, a ver qué más podéis encontrar.

¡Gracias por leer  hasta la próxima!

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Reseña: I Premio Ripley. Relatos de ciencia ficción y terror.

“Con el fin de fomentar la visibilización de las autoras y de animar a la escritura de ciencia ficción y terror entre las mismas, Portaldelescritor y Triskel Ediciones convocaron este I Premio Ripley de ciencia ficción para escritoras. Tras la ardua labor del jurado, doce relatos fueron seleccionados como finalistas de esta primera edición”.

Estas son las palabras que encontraréis en la solapa de esta antología editada por Triskel Ediciones. Puedo decirlo de otra forma, pero no será mejor ni tan directa. Sí que me quiero permitir añadir que esta antología llega en el momento adecuado para muchos: para las escritoras, a las que quiere hacer escribir más de lo que les gusta y menos de lo que es “adecuado“ que escriban como mujeres; para los lectores, que, seguramente sin ser conscientes, han estado empalmando libros con pluma masculina sin ni siquiera saberlo; pero, sobre todo y aunque suene a cliché, a frase con la que cerrar un capítulo de Padres Forzosos o algo por el estilo, para la sociedad.

Portada, con ilustración de Eva Vázquez.

¿Estamos listos para una antología escrita por 12 mujeres? No, no lo estamos. La sociedad es machista y las librerías (las de masas, claro) huelen a cerrado y a pollas viejas. No lo habréis notado porque resulta que ése es el olor que impregna cada estrato, cada recoveco del mundo en el que nos movemos. Y con los olores pasa una cosa: te acostumbras. Os invito a hervir una buena coliflor, o a tiraros un pedo en la cama y taparos con la manta. Así de generoso soy, que os invito a hacer estas cosas. Experimentad con lo que tenéis alrededor como pequeños científicos endemoniados.

¿Qué tal? Horrible, ¿verdad? ¿Pero no habéis notado cómo, a los dos minutos, el pedo ya no huele? ¿Y que, al cabo de media hora, el olor a coliflor persiste, pero ya no molesta tanto? Esto es lo que pasa con el machismo, que está presente pero no siempre lo olemos. La brecha autor-autora está ahí, queramos verla o no. Especialmente alarmante es el caso de los géneros que el I Premio Ripley toca: el terror y la ciencia ficción.

Si queréis más números, Stiby tiene una tabla muy maja y que echa para atrás con los datos que da.

¿Estamos listos para una antología escrita por 12 mujeres? No. Así que adelante con ella. Que nos dé de bruces en la cara. Que nos recuerde o nos desvele que este tipo de iniciativas son necesarias. Que coja a cada persona que se atreva a decir que las mujeres no escriben CiFi, la arrincone en un callejón oscuro y le pegue una paliza con sus doce relatos.

Que se lleve el olor a cerrado.

La obra.

Me he pensado mucho cómo hacer esta reseña. Quiero que sea una invitación a leer la obra, pero también quiero que sirva de algo a las personas que ya la han leído. Y, si encima les llega algún cumplido o palabra de amor a las autoras que hay detrás de los relatos, pues más que mejor. Así que me he decidido por combinar las dos ideas principales que tuve: hacer un minicomentario para cada uno de los relatos y seleccionar alguna frase de ellos, para que le pique la curiosidad a quien todavía no lo tenga en sus manos.

¿Vamos por orden? Vamos por orden.

 

Granja-357, de Miriam Iriarte.

Tiene un ritmo trepidante, frases cortas y explosivas, llenas de sangre y adrenalina, que te cogen y te meten en una realidad incomprensible en la que tienes que luchar para sobrevivir. Es el relato ganador del concurso y está escrito en segunda persona. Te alegrarás de haberlo acabado para poder respirar.

“Recuerdas barrotes de metal y cubículos oscuros, recuerdas el dolor. Mucho, Muchísimo dolor”.

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100 cosas que hacer con un libro que odias

Hace unos días leí un libro tan terrible que no quiero ni hacerle reseña. Así que he hecho esto.  Seguir leyendo

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31 días escribiendo microrrelatos.

Como ya adelanté en este post, durante el mes de octubre me propuse, junto a una panda de inconscientes, escribir microrrelatos durante 31 días.

Por si no os apetece visitar aquella entrada, os hago un breve resumen: Gente maja (escritores malditos) propone el reto, gente simpática y muy loca se apunta, todos unidos por una buena causa y un premio muy jugoso, aunque por educación digamos que no, que esto lo hacemos por la experiencia, como las misses.

Las consecuencias: durante un mes entero, Twitter (y Facebook) se han llenado de microrrelatos. Y yo he venido aquí a hablar de lo que he aprendido, porque quiero pensar que acabo el mes un poco más sabio (he ganado en microsabiduría) (no me peguéis ☹). Entiéndase que he participado todos los días y que cada día me he pasado un ratito leyendo microrrelatos de otras personas.

Que os sirvan estos consejos para ganar todos los concursos de microrrelatos a los que os presentéis.

Lección número 1: tienes que contar algo.

Es simple pero no siempre se logra. Un microrrelato, por pequeño que sea, tiene que ser una historia condensada al máximo. Si te limitas a poner unas cuantas palabras bonitas, una detrás de otra, es posible que creas que estés escribiendo una historia, pero puede que te estés quedando a medio camino.

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Reseña: El castillo ambulante.

¡Din, din, din! ¡Reseña! Hoy toca el último libro que he leído y que comenté en mi penúltima entrada: El castillo ambulante, de Diana Wynne Jones. Dije que era mi propuesta para el #LeoAutorasOct y he cumplido. Lo he leído y muy atentamente, porque sabía que acabaría haciendo una reseña tarde o temprano. En este caso, he preferido dejarlo reposar al menos una semanita para darme un tiempo a asimilarlo. No es que me haya escaqueado de escribir esta reseña; no, para nada. Yo no soy de esos. ¿Procrastinación? Eso es una enfermedad anglosajona, a mí no me pilláis.

A lo que iba. ¿Qué vamos a encontrar en esta reseña? Trama, personajes, y la inevitable comparación con la película. Porque sí. Porque sería muy original saltársela y, al fin y al cabo, una reseña peliculera no tiene cabida en una literaria, pero éste es mi blog and not yours (las referencias oscuras a fandoms que solo yo conozco acaban aquí, puede seguir leyendo sin riesgo alguno).

 

Sinopsis extendida: La novela en 5 párrafos.

Pero vamos con lo primero: ¿de qué narices trata? ¿Es lo mismo que la película? ¿Merece la pena leerlo? Sí, no, depende. Sí, trata de lo que crees que trata (porque estoy dando por hecho que has visto la película). Sophie es una sombrerera muy tímida, con poco aprecio por sí misma, y que ve su camino en la vida como algo que está escrito en piedra y de lo que ni puede ni va a moverse. No tiene esas ambiciones, y si las tiene, las reprime porque cree fervientemente que es su deber. Así es como se ve trabajando hasta altas horas (y sin reconocimiento ni sueldo, he de añadir), en la sombrerería que un día heredará de sus padres.

Si ya habéis visto el film de Miyazaki sabéis lo que ocurre a continuación. Efectivamente, el malo de la película (o la villana del libro), la Bruja del páramo, aparece y Sophie tiene la desgracia de estar en el lugar equivocado y en el momento equivocado (que es algo que pasa mucho si eres el protagonista de un libro, malo para ti, interesante para el resto, porque así se han escrito muy buenas historias), y acaba convertida en una anciana de noventa años. Es decir, Sophie, que estaba mentalmente envejecida, pasa a tener la edad que, según la Bruja del páramo, se merece.

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Sophie mirando su reflejo en una cuchara / Sophie considerando si comer con las manos sería más higiénico que usar esa cuchara.

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